Santiago creció en la España de los años ochenta, en un entorno marcado por las carencias y la ausencia de referentes familiares. Esa infancia vivida en soledad, lejos de convertirlo en víctima, lo formó como observador agudo de la condición humana.
Formado en dos ciclos superiores, dio sus primeros pasos en el mundo empresarial cofundando una empresa con notable éxito en el ámbito digital, antes de emprender en solitario un camino propio que culminó, a los cincuenta años, con la obtención de su licenciatura en Informática — prueba de que nunca es tarde para seguir creciendo.
De carácter afable, con buen sentido del humor y profundamente empático, Santiago es de esas personas que saben escuchar y acompañar. Quizás por eso, en su primer libro, vuelca una mirada honesta y agradecida hacia quienes, sin saberlo, iluminaron el camino de un niño que creció solo.
